Las raices de aquella dulce flor
impregnaban las cavernas
de su alma abandonada.
Y el eco del dolor en la caverna vacía
marchitaba las flores.
Su aroma bañaba sus sueños
y el recuerdo de su belleza
cicatrizaba sus heridas.
Quiero salir de este vacío
pero estoy encerrada y me persigue.
¿cómo escapar del eco
que llega a lo más recóndito de los valles?
¿cómo volver a ser la niña
que corria sin preocupaciones?
Al anochecer, las penas me hacen más pequeña,
la oscuridad me consume,
pero con el alba, una sonrisa
vuelve a hacerme renacer.
Suerte que está el sol y la primavera
que nos hacen crecer cada año y cada día.
Luchando por salir de la maraña de la selva
creciendo como una planta,
buscando el cielo.
viernes, 29 de mayo de 2009
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